Con 75 votos a favor, el Legislativo destituye al mandatario tras los escándalos del "Chifagate" y presuntos contratos irregulares. El país se prepara para recibir a su octavo presidente en una década.
El Congreso de la República ha puesto fin al breve y
convulso mandato de Jerí. Con una votación contundente de 75 votos a
favor, 24 en contra y tres abstenciones, los legisladores aprobaron la
moción de censura contra el mandatario, quien apenas cumplía cuatro meses en el
Palacio de Pizarro.
La caída de Jerí no es un hecho aislado, sino la
continuación de una crisis institucional crónica: quien asuma el mando se
convertirá en el octavo presidente peruano en los últimos diez años, consolidando
al país como el epicentro de la inestabilidad política en la región.
El "Chifagate" y las sombras
de corrupción
El declive de Jerí comenzó a gestarse en diciembre pasado,
cuando imágenes de seguridad lo captaron en una reunión clandestina con empresarios
chinos en un restaurante de San Borja. El episodio, bautizado por la prensa
como el "Chifagate", fue el primer golpe a la credibilidad de
un presidente que ya caminaba sobre la cuerda floja.
A este escándalo se sumaron denuncias periodísticas sobre
presuntos beneficios irregulares a un grupo de mujeres jóvenes que, tras
visitar el Palacio de Gobierno, obtuvieron lucrativos contratos con el
Estado. Las versiones contradictorias ofrecidas por el mandatario
terminaron por agotar la paciencia de un Congreso que ya había demostrado su
poder al vacar a su predecesora, Dina Boluarte.
Un país en espiral de incertidumbre
La salida de Jerí deja un vacío de poder que el Legislativo
busca llenar de inmediato. Según el procedimiento constitucional, el Congreso
deberá elegir a un nuevo presidente de la Mesa Directiva, quien asumirá
automáticamente la Presidencia de la República.
"Perú continúa en una espiral de caos donde las
reformas a largo plazo son imposibles; nadie sabe cuánto durará el jefe de
Estado en el cargo", señalan analistas políticos ante el panorama actual.
Mientras la sucesión se define, la ciudadanía observa con
escepticismo un ciclo político donde la permanencia en el cargo se mide en
meses y no en años, dificultando cualquier intento de estabilidad económica o
social.
