El retorno a la bicameralidad (Senado y Cámara de Diputados), como medida para alcanzar una mejora cualitativa en la producción legislativa, puede ser positiva; sin embargo, la forma como se elegirá a los miembros del Senado es un misterio e incertidumbre.
La elección del Senado será una combinación de circunscripción uninominal (Senado nacional) con plurinominal (Senado regional). Asimismo, se estableció un sistema proporcional para el Senado nacional y uno mixto (esto es mayoritario en 26 circunscripciones y proporcional en el caso de Lima Metropolitana) para el Senado regional.
El problema radica en la decisión que la ONPE adopta al diseñar la cédula de sufragio, dividiendo la elección del Senado en dos: Senado nacional y regional. Al dividirla, se permite una doble votación; es decir, se puede optar por un partido en la circunscripción nacional y por otro en la circunscripción regional (voto cruzado), o tal vez por el mismo partido, pero el resultado será siempre un doble voto. Esa decisión afecta directamente la barrera electoral, pues, ¿cómo se superará la valla electoral?
Existen tres posibilidades: 1) a través del 5% de los votos válidos para el Senado nacional; 2) del 5% de los votos válidos para el Senado regional; 3) del 5% de la sumatoria de ambas votaciones. Quizá lo más salomónico sea esta última fórmula; no obstante, es menos beneficiosa para los partidos que no presentaron candidaturas en todas las circunscripciones del Senado regional.
Finalmente, este es un aspecto fundamental que el sistema electoral no puede soslayar en aras de la seguridad jurídica y la necesaria transparencia de los procesos electorales, razón por la cual el JNE, como ente que administra justicia electoral, tiene la obligación de definir esta incertidumbre que podría devenir en una seria controversia jurídico-electoral. Lo tiene que hacer con anticipación para que las reglas queden claras a todos los actores electorales.


